Dos semanas ante el abismo de la guerra nuclear

Durante dos semanas el mundo se asomó al abismo de una conflagración internacional con armas nucleares de destrucción masiva, como resultado de las tensiones entre Israel e Irán. Tras el alto al fuego logrado a mediados de la semana pasada, el escenario de un nuevo conflicto quedó descartado al menos momentáneamente. Sin embargo, conviene revisar los factores que contribuyeron a la amenaza, así como a evitarla.

En una escalada del conflicto, hacia el sábado 21 de junio la aviación estadounidense bombardeó de manera irresponsable la planta de enriquecimiento de uranio de Fordow en Irán. Ubicada en la provincia montañosa de Qom, esta central resulta clave para el programa de investigación nuclear del país persa; por este motivo, las instalaciones se encuentran a 100 metros debajo del nivel del terreno con lo cual se ubican lejos del alcance del armamento estadunidense, cuya bomba más potente, es capaz de penetrar sólo 60 metros hacia el subsuelo.

Dos días después Irán respondió bombardeando la base militar que posee Estados Unidos en Doha, Qatar produciendo solo daños en las instalaciones sin ocasionar la pérdida de vidas humanas; sin embargo, este ataque demostró la capacidad de Teherán para responder ante un eventual conflicto. A lo anterior, es posible añadir la posibilidad de obtener armamento nuclear proporcionado por Rusia gracias a un acuerdo firmado con el Kremlin.

Ante este escenario, el presidente Trump pasó de apoyar una agresión conjunta con Israel contra Irán, a llamar a los gobiernos de estos países beligerantes a buscar un alto al fuego. Algunas horas después de tal declaración, Irán manifestó su disposición para culminar las agresiones. Por su parte, al ver que perdía el apoyo de su principal aliado, el ejecutivo de Benjamín Netanyahu acabó por aceptar el cese de las hostilidades. De esta manera, concluyeron dos semanas de operaciones bélicas entre ambos países.

La palabra deterrence tiene su raíz etimológica en el vocablo latino deterrere y significa disuasión por el terror. El término describe perfectamente las motivaciones de todas las partes beligerantes para concluir las hostilidades. Por el lado israelí, su gobierno fue testigo de la vulnerabilidad de su propio país gracias a la capacidad del armamento iraní para penetrar sus sistemas de defensa antimisiles, clave para explicar el fracaso de su estrategia militar.

Desde Washington, Donald Trump comprendió el riesgo de verse arrastrado a un conflicto militar en Medio Oriente si respaldaba las acciones militares de Tel Aviv, el cual hubiese derivado en una guerra nuclear de escalar las tensiones y suministrar Rusia armamento nuclear a Irán. Por su parte, los iraníes se encontraron ante la posibilidad de enfrentar una invasión contra los Estados Unidos.  Además de este miedo a un nuevo conflicto en la región con el riesgo del uso de armas de destrucción masiva, cada país involucrado enfrenta sus propios retos domésticos.

Uno de los puntos centrales de la campaña presidencial de Donald Trump fue precisamente evitar involucrar a Estados Unidos en nuevas guerras y poner fin al conflicto en Ucrania. Asimismo, para julio del presente año el país debe refinanciar su deuda que ronda la cifra de los siete billones de dólares. Por lo tanto, un nuevo conflicto en Medio Oriente hubiese puesto en peligro el apoyo popular hacia Donald Trump. Adicionalmente, el ejecutivo hubiese encontrado dificultades para obtener los recursos necesarios para llevar adelante las operaciones militares, sin mencionar las afectaciones que tal situación provocaría en la debilitada economía estadounidense.

Por otra parte, al gobierno iraní no le interesa involucrarse en un conflicto militar debido al costo del esfuerzo bélico. Además, el gobierno de Masoud Pezeshkian tiene el interés de aprovechar los acuerdos estratégicos firmados con Rusia y China, entre los que destaca su integración en la Nueva Ruta de la Seda, a fin de impulsar el crecimiento económico y poner fin a los estragos provocados por las sanciones occidentales contra el país.

No obstante, debido a los problemas de política doméstica a los que se ve enfrentado el gobierno de Benjamín Netanyahu, el gobierno israelí está interesado en un nuevo conflicto que permita la cohesión del país en torno del primer ministro, así como mantener el discurso de la amenaza existencial contra el Estado que permita legitimar el uso de la fuerza para el exterminio de los palestinos en Gaza y la agresión contra el pueblo de Irán. Las pretensiones del gobierno de Tel Aviv representan una amenaza contra la endeble paz en Medio Oriente. En los próximos meses resulta necesaria la búsqueda de una solución a este problema por parte de actores internacionales para evitar el estallido de una nueva guerra.

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