Europa compromete su soberanía ante los intereses de Estados Unidos en La Haya

En el transcurso de la semana pasada se llevó a cabo la cumbre de la OTAN en La Haya, Países Bajos. Como estaba previsto, los países europeos se comprometieron a incrementar su presupuesto destinado a la defensa hasta alcanzar el 5% del PIB en 2035. En consecuencia, resulta necesaria la revisión de las implicaciones de tal acuerdo impulsado por el presidente Donald Trump, para los países europeos y su política exterior.

Durante el encuentro en La Haya resaltó la actitud del secretario general de la OTAN, el holandés Mark Rutte, quien durante todo el encuentro mostró sumisión ante el presidente Trump, además de los mensajes privados en los que el funcionario llamó “papi” al mandatario; todo esto se presentó a pesar de que formalmente los Estados Unidos constituyen  un país miembro de la Alianza Atlántica. Lo anterior demuestra la sumisión del organismo militar ante la agenda de Washington.

De la misma forma, es notoria la sumisión mostrada por los líderes de los países de la OTAN, quienes a excepción del presidente español, firmaron el acuerdo sin expresar ninguna  oposición. Asimismo, los dirigentes europeos no repararon en las consecuencias de incrementar el gasto militar, entre las cuales es posible mencionar los recortes que sufrirán áreas como la sanidad pública, salud, infraestructura y programas sociales con el fin de destinar ese dinero a la compra de armamento. Es decir, que tales países pondrán fin al Estado de Bienestar para implementar una agenda belicista impuesta desde Washington.

En este delicado contexto cabe destacar la respuesta del presidente, Pedro Sánchez quien logró que Mark Rutte concediera una excepción al país ibérico para definir el gasto militar conforme a sus capacidades financieras. En una columna anterior se analizaron los factores que permiten explicar su postura, la cual destaca por constituir el único gobierno que ha respondido de manera frontal a las exigencias de Donald Trump, planteando con esto una agenda exterior propia basada en los intereses del pueblo español.

Trump consideró la postura de España como un desafío hacia su propia autoridad. Como respuesta planteó una guerra comercial con ese país mediante la imposición de aranceles a sus productos para obligar a su gobierno a la adopción del incremento en el gasto militar de interés para el mandatario republicano. Es importante señalar que tales declaraciones tienen el chantaje como único propósito; de hacerse realdad las amenazas del presidente, el comercio de Estados Unidos con la Unión Europea sufriría consecuencias debido a la integración de España en el bloque comunitario desde hace cuatro décadas.

La foto oficial de la cumbre refleja la actitud adoptada por los líderes europeos ante Trump. En la imagen aparece Pedro Sánchez relegado en un extremo de la composición al margen del resto de los mandatarios; a partir de la misma, es posible interpretar que tales gobernantes prefieren apresurarse a someterse ante el presidente de Estados Unidos, apoyando medidas contrarias a sus intereses nacionales en vez de secundar una postura que en el mediano y corto plazo beneficia a las propias naciones del continente.

Cabe resaltar el silencio de la Unión Europea y su dirigente, Ursula von der Leyen con respecto a este asunto. Pese a la capacidad que posee Bruselas sobre la política exterior de sus integrantes, las instituciones europeas no parecen interesarse en acordar entre los países miembro una respuesta conjunta frente a las exigencias de adoptar medidas de guerra planteadas en la OTAN.

A partir de los sucesos de la cumbre de la OTAN en La Haya es posible señalar que Europa ya no tiene un proyecto de política exterior propio. De la misma forma, el silencio de Von der Leyen ante las pretensiones militaristas de Donald Trump permiten afirmar una sumisión de la Unión Europea frente a los designios del gobierno de los Estados Unidos, en detrimento de sus propios intereses.

De la misma forma, las otrora potencias de la UE como Francia o Alemania carecen de una visión estratégica orientada a mantener políticas exteriores propias que en el pasado caracterizó a gobernantes como Charles de Gaulle o Konrad Adenauer. Hoy los Emmanuel Macron y los Friedrich Merz son incapaces de defender los cimientos del Estado de Bienestar que permitió la prosperidad de sus naciones durante la segunda mitad del siglo XX.

 Adicionalmente, con el respaldo tácito de la Unión Europea ante el incremento del gasto militar es posible advertir el abandono de la diplomacia como la base de la interacción entre el bloque comunitario y las potencias emergentes, particularmente Rusia. En su lugar, parece que los europeos abrazan el camino de la guerra. Ante esta circunstancia, cabe plantear la pregunta ¿Este es el proyecto de integración con el que Robert Schumann (padre de la UE) soñaba en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial?

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