LA VIOLENCIA, UN COMPONENTE CLAVE PARA ENTENDER AL MÉXICO CONTEMPORÁNEO.

México siempre ha sido un país violento, desde sus primeros movimientos independentistas de finales del siglo XVIII y su independencia a principios del siglo XIX, pasando por todas las guerras internas e intervenciones extranjeras de mediados del siglo XIX, pasando después por dictaduras y autoritarismos, hasta principios del siglo XX con la revolución mexicana que no revolucionó nada, los pobres siguieron siendo pobres, el país solo se sumió más en violencia y crisis por unos cuantos que se mataban por poder, pero los vencedores que se quedaron con el poder escribieron los libros de historia y a ese periodo de guerras y golpes de Estado lo llamaron «La Revolución Mexicana» para que se oyera heroico. Y así seguimos con los tiempos posrevolucionarios, y de alguna forma se quedó arraigada la cultura de imponer nuestra voluntad a la fuerza, de hacer valer nuestros derechos por nosotros mismos, si quieres algo se consigue por la fuerza, defendemos nuestros ideales y principios con las armas a quien se nos interponga, y esto se refuerza aún más en la época del cine de oro mexicano, donde aparecían aquellos galanes de película con sus típicos trajes charros y a caballo siempre armados y solucionando sus conflictos de interés con la violencia.

Pasan los años y pareciera que se calman los ánimos violentos y la cultura de la violencia y ahora viene la represión y el control a los gobernados por parte del Estado a mediados los años 1960, que esto solo hace enfurecer más a la población y orilla a la sociedad mexicana a buscar también medios violentos de defenderse contra el Estado, y en más de una ocasión el Estado Mexicano excedió sus facultades y cometió crímenes de Estado, como la matanza de Tlatelolco o el Jueves de Corpus, solo por mencionar los más conocidos.

Viene la época de José López Portillo a la Presidencia de la República y ya nos acercamos a los tiempos actuales, y es en el sexenio de López Portillo donde muchos dicen se «institucionaliza» la corrupción, la corrupción siempre ha existido, pero aquí es cuando comienza el descaro, desde los más altos funcionarios federales cercanos al presidente le meten mano al erario, hasta los funcionarios públicos de la burocracia pidiendo ‘moches’ para realizar trámites más rápido o a conveniencia de quien lo solicita. Termina de enraizarse la corrupción y se junta el otro factor actual, el tráfico de droga.

Es a principios de los años 80’s cuando ocurre el auge del tráfico de drogas con la fundación del extinto Cártel de Guadalajara y es ahí cuando surge la combinación letal, la corrupción y el narcotráfico. Ya para finales del siglo XX la violencia en el país iba en ascenso pero de alguna forma se iba normalizando a la par, a que me refiero, a que como el aumento de delitos como los homicidios, portación de armas, narcomenudeo, etc. era poco pero constante, se iba haciendo «normal» pero fue escalando a un punto tal el nivel de incidencia delictiva que se desató la famosa guerra del narco de Felipe Calderón, cuando en su natal Michoacán vestido con lo que pareciera ser un tipo de atuendo militar le declaró la guerra al crimen organizado.

Desde el 2007 que México sufre una profunda crisis de violencia que hasta ahora solo ha ido en ascenso y ningún presidente ha podido hacerle frente al crimen organizado, o porque no ha podido, o porque no han querido. Pero como ya lo dije líneas atrás, combinación de la corrupción y el tráfico de drogas con el factor de la cultura violenta de México fueron la tormenta perfecta para la creación de este escenario, porque se requiere de la complicidad del Estado para llevar a cabo de manera tan impune los negocios ilícitos, y esto obviamente se consigue a través de la corrupción, y esto empieza desde muy abajo, desde un soborno a un policía de vialidad hasta financiar candidaturas e imponer a los gobernantes a modo para colaborar, sin la complicidad del Estado, y por complicidad del Estado me refiero a los funcionarios públicos que representan al Estado y ejercen actos de autoridad, sería imposible llevar a tan gran escala la delincuencia, que como la que vivimos hoy en día.

A esta combinación tenemos que agregarle otro factor no menos importante, la desigualdad, porque en entornos pobres y marginados es donde más violencia se vive y la necesidad económica predisponen a que las personas se encaminen a la «fácil» obtención de dinero, porque a final de cuentas es un negocio bastante lucrativo. Al respecto Roxana Kriemer hace el siguiente análisis:

«La desigualdad vuelve más probable la violencia social, crea las condiciones para que aumente la cantidad de delitos, lo que no equivale a afirmar que cada sujeto en situación de desigualdad social corre directo a delinquir. La existencia de determinados contextos vuelve más probable una consecuencia, pero no la determina. La relación entre la desigualdad y la violencia social es probabilística. De otra manera cometeríamos el error de afirmar que todos los pobres son delincuentes, y contribuiríamos a reproducir el consiguiente estigma que deriva de esta consideración. La inequidad brinda más oportunidades de que una persona cometa actos delictivos, pero no lo determina».

Los entornos con altos niveles de marginación social sufren grandes niveles de violencia, y muchas veces son enfrentamiento armados o cosas por el estilo, la violencia muchas veces empieza desde la familia, desde el padre ausente o borracho maltratador, la madre que no le da importancia a sus hijos, son groseros, golpeadores, violentos, abusadores, etc. y esto está muy normalizado, pero es desde ahí, desde esos entornos violentos que muchas veces no parecen violencia donde comienza la descomposición del tejido social, porque cuando una familia se vuelve disfuncional deja a todos sus integrantes a la deriva, sin apoyo, entonces los niños crecen con ese entorno en donde se criaron y después cuando se vuelven ellos padres replican el modelo de como los criaron a ellos y se vuelve un círculo vicioso, donde tarde o temprano estalla la bomba.

Es ahí cuando se aprovecha el crimen organizado, buscan gente que no tenga una red de apoyo, que puedan ser leales a las tareas delictivas que se les encomiendan, es ahí donde la gente que creció en entornos violentos cae en la red de los criminales, porque aparentemente ellos ofrecen apoyo y te ayudan a salir de la necesidad económica y te hacen sentir protegido, y cuando la propia familia y el entorno social se beneficia de la actividad criminal que se realiza, aunado al abandono por parte del Estado en su responsabilidad de dar apoyo en entornos marginados, es cuando se termina de tejer la red criminas de la cual ya prácticamente es imposible salir y tristemente la mayoría de las veces se sale con los pies por delante.

Breve tema para finalizar

Se acabaron los 45 días que el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, había dado para la pacificación del municipio de Teocaltiche, que se ubica el la región Altos Norte del Estado, municipio clave ya que es la conexión entre Jalisco, Aguascalientes y Zacatecas, pacificación que nunca llego y que en lo que va del año van 13 funcionarios públicos y 3 activistas por los desaparecidos de Jalisco que han asesinado y desaparecido, 10 policías municipales, el director de la policía municipal, el secretario general del ayuntamiento, y la regidora por MC y jefa de enfermeras del hospital comunitario. Fue desde febrero que la Secretaría de Seguridad Pública de Jalisco intervino las policías municipales de Teocaltiche y Villa Hidalgo por presuntos nexos con el crimen organizado, es decir, era la Policía Estatal de Jalisco es la que estaba a cargo de la seguridad en el municipio, pero ello no solo no evitó todos estos asesinatos, empeoró la seguridad y fueron incapaces tanto la Guardia Nacional y el Ejército, así como la Policía Estatal y el gobernador de traer la paz, así como en varios puntos de todo el Estado, desde los Altos hasta los límites con Michoacán, y hay que agregar el campo de adiestramiento en Teuchitlán, ¿se le estará yendo de las manos el estado al gobernador, como a otros gobernadores? no creo, porque ya incorporó por arrendamiento a la Policía Estatal 3 patrullas Cybertruck de Tesla y otras casi 700 patrullas por arrendamiento con un costo de casi mil millones de pesos.

Referencias:

-Kreimer Roxana. (2010): Desigualdad y violencia social: Análisis y propuestas según la evidencia científica . Editorial Anarres.

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