La estrategia bélica de Israel y los motivos de su fracaso contra Irán

El pasado 12 de junio, el gobierno de Benjamín Netanyahu se vio involucrado en un nuevo conflicto al lanzar una serie de ataques con misiles contra Irán al finalizar la jornada. En una columna anterior se comentaron las circunstancias en las cuales el primer ministro dio inicio a las hostilidades. Para esta ocasión resulta de importancia comentar la manera en que operan las fuerzas armadas de Israel en las agresiones recientes.

El conflicto en curso constituye la tercera ocasión en que el gobierno israelí encabezado por Netanyahu agrede militarmente a un tercer actor, sea un país o un colectivo humano. La primera vez fue en contra de Hamás y los habitantes de la Franja de Gaza desde octubre de 2023, posteriormente lanzó una serie de ataques contra Líbano a fin de acabar con Hezbolá y finalmente, el lanzamiento de misiles contra Teherán realizado la semana pasada.

En todos estos ataques es posible apreciar un patrón en común, los dirigentes de las organizaciones o países enemigos han sido los objetivos prioritarios de los mismos. La intención de esta forma de actuación bélica consiste en desmoralizar a los oponentes mediante la muerte de sus líderes, así como aterrorizarlos para impedir que sean capaces de responder inmediatamente ante las agresiones.

Los primeros bombardeos de la aviación israelí sobre la Franja de Gaza tuvieron como objetivo la muerte de los principales dirigentes de Hamás, entre quienes se encontraban Ismail Haniya y Yahia Sinwar, asesinados en julio y octubre de 2024. Esta situación y la intensidad de los ataques aéreos, así como de la incursión de la infantería israelí en el territorio provocaron una rápida desmovilización de la resistencia de Hamás, quedando los asentamientos palestinos y sus habitantes a merced del ensañamiento mostrados por los militares israelíes.

Hacia finales de septiembre de 2024, el gobierno de Netanyahu consideró que las actividades de Hezbolá tendentes a respaldar a la resistencia de Hamás en Gaza constituían una amenaza para la existencia de su país. Como consecuencia, su ejército lanzó una serie de ataques con misiles en contra del territorio de Líbano, un pequeño país al norte de Israel donde surgió la mencionada organización. El resultado fue la muerte de Hassán Nasralá, líder de Hezbolá, así como del comandante Alí Karaki.

Ante la intensidad de los ataques, miles de libaneses huyeron hacia Siria. Bajo el argumento de que dirigentes y militantes de Hezbolá se encontraban entre los emigrados, Israel bombardeó la carretera que conecta Beirut con Damasco, estableciendo de facto un cerco sobre Líbano. La muerte de sus líderes, así como la contundencia de los ataques israelíes provocó la desmovilización de la organización en pocos días.

Los primeros ataques realizados por Israel contra Irán al final del 12 de junio tuvieron entre sus víctimas a Hossein Salami, jefe de la Guardia Revolucionaria Islámica (ejército del país), Mohammad Bagheri, jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas iraníes y Amir Ali Hajizadeh, jefe de las Fuerzas Aeroespaciales de Irán. Además en esa madrugada murieron seis científicos que colaboraban en el programa nuclear iraní, entre los cuales destacan  Mohammad Mehdi Tehranchi, rector de la Universidad Azad de Teherán y Fereydoon Abbasi, responsable de la política nuclear del país entre 2011 y 2013 y diputado entre 2020 y 2024.

Con los antecedentes referidos, es posible establecer que el cálculo de Netanyahu consistió en esperar que tras la muerte de las principales figuras del gobierno encabezado por Masoud Pezeshkian, el país se desmoralizara y fuese incapaz de responder a los ataques. Sin embargo, tal escenario no se cumplió y Teherán lanzó una contundente contraofensiva con armas capaces de traspasar la cúpula de hierro, (un sistema de defensa antimisiles creado en 2006 con ayuda de empresas estadounidenses) alcanzo objetivos en Tel Aviv, así como la base militar de Nevatim.

En su interés por atacar a Irán, Netanyahu y sus asesores pasaron por alto dos cuestiones fundamentales. El martirio tiene un papel releante dentro del Islam Chií, que es la rama predominante en ese país. Las personas que son sacrificadas son reconocidas por las comunidades y en torno de su muerte, se genera un sentimiento de cohesión y defensa de la propia comunidad, en este caso, la República Islámica. En otras palabras, el asesinato de los líderes iraníes, visto como martirio tiene el efecto contrario a la desmoralización buscada por el premier israelí.

Sumado a lo anterior, Irán es un país que ante el aislamiento internacional impuesto por occidente, ha optado por reforzar lazos diplomáticos China y Rusia. La relación con este último ha sido particularmente fructífera. Hacia octubre de 2024, los líderes de ambas naciones tuvieron un encuentro que derivó en una profundización de la cooperación económica y militar entre los mismos; tal evento se realizó en el marco de la cumbre “Conexión de tiempos y civilizaciones como base para la paz y el desarrollo” celebrada en Asjabad, Turkmenistán para conmemorar los 300 años del natalicio de Magtymguly Pyragy, un influyente poeta, filósofo y líder religioso turcomano.

Como resultado de estos intercambios, Teherán ha podido reforzar su arsenal con armas rusas, entre los cuales destacan misiles capaces de viajar a una velocidad equivalente a siete veces la del sonido; lógicamente, estos proyectiles no pueden ser detectados por la cúpula de hierro, dando serios reveses a la falsa sensación de seguridad del ejecutivo israelí.

En su afán por retener el poder, Benjamín Netanyahu eligió un adversario con sólidas relaciones con una potencia nuclear como Rusia, así como con armamento capaz de vulnerar sus defensas. El premier israelí abrió una caja de pandora que de agravarse, tiene el potencial de llevar al mundo a una guerra con armas de destrucción masiva.

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