
¿Fin de la guerra arancelaria o tregua estratégica en tiempos electorales?
Washington y Beijing han alcanzado un acuerdo comercial preliminar que podría redefinir su conflictiva relación económica. El anuncio fue realizado por el presidente Donald Trump, quien detalló que el pacto incluye el envío de tierras raras e imanes desde China a Estados Unidos, a cambio de que estudiantes chinos sean aceptados nuevamenteen universidades norteamericanas.
La negociación, que se dio durante dos días en Londres, busca consolidar el llamado «consenso de Ginebra» alcanzado el mes pasado, que intentó frenar la guerra arancelaria entre las dos economías más grandes del mundo.
¿Qué se acordó?
- China enviará por adelantado tierras raras e imanes, materiales cruciales para la fabricación de semiconductores, equipos de defensa, smartphones y autos eléctricos.
- EE.UU. abrirá sus puertas nuevamente a estudiantes chinos, tras años de restricciones bajo la administración Trump.
- Se fijan aranceles del 55% para productos chinos y del 10% para exportaciones estadounidenses.
- El acuerdo aún debe ser ratificado por ambos líderes, Trump y Xi Jinping, quienes sostendrían una conversación final para su firma oficial.
Un intercambio geopolítico más complejo de lo que parece.
Aunque en apariencia el acuerdo representa un gesto de cooperación, es también un movimiento estratégico en plena carrera presidencial estadounidense. Trump intenta proyectar fuerza económica y liderazgo global, mientras revive el discurso proteccionista que lo llevó al poder en 2016.
Las tierras raras son un recurso clave en la competencia tecnológica entre ambas potencias. China produce cerca del 70% del suministro mundial, y había limitado su exportación como represalia a las sanciones tecnológicas impuestas por EE.UU.
Por su parte, Estados Unidos había impuesto aranceles del 145% a productos chinos, mientras Beijing respondió con tarifas del 125%. El pacto de Ginebra había reducido temporalmente estas cifras, y el nuevo acuerdo busca consolidar esa tregua.
Impactos económicos y académicos.
El regreso de estudiantes chinos a universidades estadounidenses puede tener un alto impacto económico. Según datos del Institute of International Education, más de 300 mil estudiantes chinos estudiaban en EE.UU. antes de las restricciones, generando ingresos significativos para las instituciones educativas.
En el frente comercial, el acuerdo podría aliviar tensiones en industrias tecnológicas y manufactureras que enfrentaban altos costos por la falta de minerales críticos. No obstante, expertos advierten que aún hay incertidumbre sobre la implementación real y los mecanismos de verificación del acuerdo.
El secretario de Comercio de EE.UU., Howard Lutnick, y su homólogo chino, Li Chenggang, señalaron que aún hay aspectos técnicos por afinar y que la firma dependerá de la aprobación presidencial.
Ambas partes se muestran optimistas:
«Estamos avanzando tan rápido como podemos. Este acuerdo puede marcar un nuevo capítulo”, dijo Lutnick.
“Nuestra comunicación ha sido profesional y sincera. Estamos listos para cooperar más”, afirmó Li Chenggang
Más allá de lo comercial, este acuerdo muestra que EE.UU. y China están dispuestos a cooperar estratégicamente, al menos en temas clave como educación y minerales críticos. Sin embargo, la fragilidad de la relación bilateral sugiere que cualquier avance dependerá de decisiones políticas de alto nivel. Con elecciones presidenciales en EE.UU. en puerta, el pacto también puede leerse como un movimiento electoral de alto impacto para Trump.
