
Los Ángeles vivió un fin de semana marcado por la violencia y la represión. Luego de que el presidente Donald Trump ordenara el despliegue de dos mil elementos de la Guardia Nacional para contener las manifestaciones contra las redadas migratorias del ICE, la situación escaló con enfrentamientos, detenciones y denuncias por el uso excesivo de la fuerza.
Las protestas iniciaron el viernes tras una serie de redadas migratorias en California, y continuaron por tercer día consecutivo. Manifestantes bloquearon autopistas, quemaron vehículos autónomos y se enfrentaron con autoridades frente a edificios federales. La tensión aumentó cuando la Guardia Nacional, en conjunto con agentes del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), repelió a los manifestantes usando gas lacrimógeno y tácticas antidisturbios.
El presidente Trump calificó las protestas como “disturbios” y advirtió a los gobernadores que intervendría si no se controlaba la situación. Incluso sugirió que permitiría “respuestas violentas” de las fuerzas del orden. Pese a que aún no invoca formalmente la Ley de Insurrección, no descartó esa posibilidad.
La represión ha sido duramente criticada por líderes demócratas, como el gobernador de California, Gavin Newsom, quien acusó a Trump de buscar un «espectáculo». La congresista Nanette Barragán también señaló que la escalada de fuerza solo alimentará el enojo ciudadano.
Una reportera australiana fue herida por disparos de goma durante la cobertura de los hechos, mientras que decenas de personas fueron arrestadas o heridas durante las redadas y las protestas. El vicepresidente J.D. Vance y asesores de la Casa Blanca han calificado las movilizaciones como “insurrecciones”, aunque las autoridades federales no han ofrecido pruebas claras de ello.
Por su parte, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, rechazó el uso de redadas y represión como solución al fenómeno migratorio, y llamó a trabajar en una reforma migratoria integral.

