El pasado 9 de mayo Rusia conmemoró 80 años del final de la Segunda Guerra Mundial con la victoria militar de la Unión Soviética y sus aliados sobre Alemania. Como ya es tradición, se llevó a cabo un desfile militar encabezado por el presidente Vladimir Putin y el ministro de Defensa, Andréi Beloúsov. En el contexto actual resulta de interés presentar algunas lecturas sobre este suceso, pero antes es necesario otorgar un recuento del contexto al lector.
A las 11 de la noche del 8 de mayo de 1945, el almirante Karl Doenitz firma la rendición de Alemania ante la URSS, Estados Unidos y Reino Unido, días después de la toma de Berlín por el Ejército Rojo. Debido a la diferencia horaria, en ese momento era la una de la mañana del siguiente día en Moscú. Por tales motivos, en esta fecha se conmemora en Rusia el Día de la Victoria con distintas actividades entre las que destaca el desfile militar realizado en la Plaza Roja de la capital rusa.
La celebración de este año fue particularmente especial considerando las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea hacia el país desde el inicio de la Operación Militar Especial en Ucrania hace tres años. Mediante la exhibición de táctica militar, vehículos de combate y aviones, el Kremlin intenta demostrar la ineficacia de las medidas impuestas unilateralmente por las naciones occidentales en contra de la Federación Rusa.
De la misma forma, las autoridades rusas intentan transmitir el mismo mensaje que los líderes soviéticos intentaban expresar con los desfiles conmemorativos, es decir, el poder de fuego en poder del país le permitirá sostener un fuerte esfuerzo bélico en caso del estallido de una guerra; el objetivo de esta demostración consiste en invitar al diálogo como mecanismo para solucionar las controversias y evitar una escalada de los desencuentros diplomáticos entre Rusia y Occidente.
Entre la lista de invitados internacionales es posible destacar la presencia de Mahmud Abás, presidente de la Autoridad Nacional de Palestina. Tal situación denota el reconocimiento del gobierno ruso hacia esta colectividad en un momento donde la agresión emprendida por Israel amenaza con el exterminio de los palestinos, particularmente en la Franja de Gaza. De esta forma, la invitación realizada a sus líderes puede interpretarse como una forma de visibilizar la situación que vive el pueblo palestino.
El invitado más importante del evento fue sin duda el presidente chino Xi Jinping con quien Putin interactuó de forma constante durante el evento. Adicionalmente, tras el final de la conmemoración ambos mandatarios signaron un comunicado conjunto en el cual establecieron la importancia de estrechar lazos entre sus países, incrementando la cooperación en distintos ámbitos como el energético o el militar. Adicionalmente el mandatario señaló que las relaciones entre Rusia y China son “más serenas y seguras, estables y resilientes” como informó la agencia Xinhua. Debe recordarse que el país asiático constituye la segunda economía a nivel mundial y tiene posibilidades de superar a un decadente Estados Unidos.
La visita del presidente chino a Moscú permitió mostrar que tanto su país como Rusia son dos potencias relevantes en los planos económico y militar, así como el hecho de mantener una alianza estratégica consolidada. Lo anterior se vuelve importante de cara a los problemas que cada uno enfrenta. Mientras Pekín perfila su respuesta a los aranceles impulsados por Donald Trump contra sus exportaciones, el gobierno de Vladimir Putin encara la negociación hacia el final del conflicto en Ucrania.
La presencia de líderes internacionales en los actos conmemorativos del Día de la Victoria demuestra que Rusia no es un país aislado diplomáticamente como lo expresa la propaganda occidental. De la misma forma, se aprecia la participación rusa en situaciones como la agresión contra el pueblo palestino. Finalmente, con motivo de este aniversario, China y Rusia se muestran ante el mundo como dos actores relevantes en el plano económico, diplomático y militar que mantienen una alianza. En consecuencia, cualquier arreglo para garantizar la paz a nivel internacional no puede realizarse sin la inclusión de estos países.
